PALABRAS Y SILENCIOS

Aquellos que somos de hablar, que amamos intensamente la vida mientras nos comunicamos, a menudo apreciamos tanto a aquellos otros que son seres silenciosos y que escuchan pacientemente, que podemos llegar a pensar que a estos les gusta escuchar(nos); es más, podemos llegar a pensar que tienen el don de ser buenos escuchadores. Y sí, puede que esto sea cierto, pero puede también que estos otros prefieran simplemente estar en silencio, que esa sea su manera de amar la vida.

El otro no está hecho para ti, al igual que tú no estás hecho para el otro. Cada cual es para sí mismo, consigo mismo. Por eso no hay nada como responder a la demanda legítima del otro, esa demanda que a su vez reconocemos internamente como correcta para nosotros, porque no se trata de una exigencia, sino de una invitación mutua a compartir silencios entre palabras, palabras entre silencios.